Lo incierto siempre, desde antaño, me ha seducido la existencia, la elocuencia y la fantasmagórica necesidad de perderme en medio de lo que es y pude llegar a ser, sin tan siquiera pensarlo. Por eso, recuerdo muy bien que todo comenzó con una idea, una expectativa; con un viaje, con un collage de pictóricas imágenes rocosas y silvestres que se instalaban, veloces y sin permiso, en mi memoria fotográfica. Parajes insospechados aquí y allá, rostros poco familiares, animales exóticos y, por demás, desconocidos. Un autobús destartalado y ruidoso, de lo más caricaturesco y autóctono, se detiene por fin; y gracias al universo.
Mi rostro y mi cuerpo se asoman por toda la extensión de una pesada neblina que, sin preámbulo alguno, me presenta el pueblo que domina y adormece a su antojo. Nadie conocido, asoma a la vista y sería absurdo encontrarlo en semejante lugar. Pocas miradas y uno que otro reproche intuido a la distancia. El frío me besó los labios enseguida. Irremediablemente sentí pasión y pensé que me podría enamorar de esa noche; tan siquiera por lo menos más tarde. Mi cuerpo entonces; adaptándose al nuevo clima, me exigió un abrazo enseguida, y mi pecho se retorció entre bocanadas de aliento derretido y un simpático olor que aún no sé describir del todo: pero es como a mercado, estiércol de vaca, albaricoque, guayaba; todo revuelto como en un cóctel enriquecido.
Después de muchas horas de viaje interminable y cansón, por fin estaba parado en medio del pueblo que me llenaba la mente de ideas y las ganas de antojos. Que me acogía. Empecé a desear comérmelo todo, de un solo mordisco, como poseído por un indómito apetito voraz. Y más pronto de lo que canta un gallo, de lo que maúlla un gato y de lo que croan tres sapos, ya era de las miradas de todos los habitantes, que se escondían detrás de los armatostes y puertas oscuras, y de las intrigas y comentarios de hasta el más distraído; sin mencionar que el deschavetado y loco, del que todo pueblo hace alarde, ya me exhibía como uno de sus mejores, y al parecer, único amigo. No me incomodó para nada. Desde entonces todos querían saber de mí. Ofrecerme una chicha y un guarapo bien fermentado. Una gallina recién desplumada, un sombrero ovejero y hasta una ruana de lana trasnochada y virgen. Tampoco me incomodó, aunque ya muchos de ustedes sepan de sobra que el trago no me incita un solo movimiento o gusto, pero en cambio la lengua si me pica con sabor místico y narrativo, por consiguiente; casi tres noches en vela escuchando y contando historias, me robaron la noción de tiempo y espacio, en mi nuevo pedazo de terruño. Momentos que me avivaron el alma, que olvidaba que sentía algo distinto a un silencio; producto de un desaire de la madre destino y del certero azar.
Mis días, hoy por hoy, se ríen con frescura y campesino desinterés. El trabajo me absorbe todos los minutos y la mayor parte de los pensamientos, porque es dispendioso y meticuloso. Un error mío desencadenaría una hecatombe, a nivel departamental, y obvio, mi inminente despido. De modo que me acuesto muy tarde, sintiendo el frío, las ganas, las historias, revisando papeles. Haciendo estadísticas y proyectando futuros inconvenientes logísticos. Me levanto temprano, desayuno con muchos, almuerzo con tantos; y como con los pocos que me soportan la tomadera de pelo y la voz de jefe alcahueta. Tengo 26 hijos y 5 manos derecha a mi cargo. 3 conductores bebedores y, lo más chistoso, hasta una admiradora que amenaza con embriagarme con ‘chirrincho’ y hacerme de sí, bajo la luz de la luna mojada. De modo que no me queda de otra que: reportar mis líneas, dar signos de vida. Transpirar por mi alma, doblegar mis ideas y regalar un mimo a ‘Nicole Alejandra’ (mi hija putativa aquí. Que entre otras, me enamoró de buenas a primeras y ahora viene todos los días a la oficina a buscarme, y yo debo esperarla con galletas, helado, colombinas y hasta con un juguete que decidí comprarle. Ni modo, con sólo un año y medio se parece a mi hija; la soñada). Por ahora estas letras. Por ahora les dejo un mosaico de imágenes y un suave aire de susceptibilidad, todo; mientras regreso.
Temperatura: 14 grados C
Animo: frío, suave, lúcido
1 febrero de 2006.
10: 00pm
PD: Sabía que si yo llegaba, tú lo harías. Me encantó que caminaras los pasos que recorro, no los que dejo ni olvido, sino los que visito… con lo mejor de mí.
¡Que vacaciones que te diste aquí!, que compartimos. En horabuena mi querida. Ahora si que después de esto: adiós;… ¡Llegamos a Cartagena, llegamos a Cartagena!
img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/azafran/jaime_caballo.jpg?Expires=1327273200&Signature=DISxKmLFbVzV-EqktGHRc0q34rxvdFLaUdg8eW1GZAh53uIZcz3ZAFwVDLcmgTkacrIxqjw96GYxWDE6Uu~3kf2Mspu29BjiiawsNlBaSGKm6lvXAT-0gvXfSD6YOdMKfKL8-xx9iDyd0PegceLwhB5L~U4JukpZmqB9myjXkCc_&Key-Pair-Id=APKAJYN3LZI5CG46B7AA&Policy=eyJTdGF0ZW1lbnQiOlt7IlJlc291cmNlIjoiaHR0cDovL2QzZHM0b3k3ZzF3cnFxLmNsb3VkZnJvbnQubmV0L2F6YWZyYW4vbXlmaWxlcy9qYWltZV9jYWJhbGxvLmpwZyIsIkNvbmRpdGlvbiI6eyJEYXRlTGVzc1RoYW4iOnsiQVdTOkVwb2NoVGltZSI6MTMyNzI3MzIwMH19fV19" width="448" height="286" class="imgcen" />